El sol y la muerte
La presencia del otro adquiere importancia por sí misma, algo que va más allá de la satisfacción de la necesidad: su presencia simboliza su amor. La demanda asume una doble función: articulación de la necesidad y pedido de amor. Pero el otro no puede dar ese amor incondicional que el sujeto anhela. Por eso, aun después de que se satisfagan las necesidades articuladas en la demanda, el anhelo de amor persiste, insatisfecho: este resto es el deseo, aquello que nos falta. A diferencia de la necesidad, el deseo no puede ser satisfecho. El amor se coloca en el lugar del deseo, y el deseo culmina en amor. El deseo, que en sí es un medio, se transforma en un "fin". El sol y la muerte. El deseo para Lacan Las formaciones del inconsciente
